David Friedman, el hijo ancap de Milton, fue una de las estrellas de la jornada de conferencias. El economista, historiador y profesor de derecho vino a hablarnos de su último libro, Future Imperfect: Technology and Freedom in an Uncertain World.
En su ponencia, la más amena de todas, Friedman exploró las implicaciones que podrían tener para la libertad los avances tecnológicos en ámbitos como la propiedad intelectual, la privacidad, la libertad de expresión, la eugenesia o la criogenización. Lo hizo a través de ejemplos de tecnologías concretas, actuales o en fase de desarrollo, y de situaciones reales o verosímiles en las que intervendrían estas tecnologías. Lo interesante de la exposición de Friedman es que no estaba enfocada al presente sino al futuro cercano, dos o tres décadas vista. Es ahí donde su pasión por la tecnología combinada con su pasión por la ciencia ficción y la construcción de escenarios futuristas plausibles da sus mejores frutos.
Friedman ve en la tecnología tanto amenazas como oportunidades. Refiriéndose a las escuchas telefónicas, Friedman señalaba que en el pasado era simplemente demasiado costoso para el Estado pinchar y analizar las conversaciones de toda la población. Hoy, mediante la combinación de dos tecnologías existentes, el coste económico de monitorizar todas las conversaciones telefónicas de un país como Estados Unidos es asumible: ya no es necesario tener analistas escuchando todas las conversaciones grabadas, la tecnología permite convertir en texto las conversaciones habladas, y permite buscar en un texto palabras y patrones que revelen potenciales amenazas terroristas o de otra índole.
Un poder similar podría estar pronto al alcance de los Estados en materia de videovigilancia. Actualmente no es posible visionar siquiera una pequeña parte de lo que graban las cámaras de una ciudad como Londres. Pero la tecnología del reconomiento facial puede hacer innecesaria esa tarea. Todas las caras que aparecen en las grabaciones podrían ser identificadas mediante esta tecnología y la información (hora y lugar de la identificación) podría ser almacenada en una base de datos. Los tribunales ya no necesitarían testigos que afirmaran haber visto a esa persona en un lugar cubierto por cámaras, bastaría con consultar la base de datos para saber dónde se encontraba esa persona en ese instante.
Si a este escenario añadimos las posibilidades que presenta la nanotecnología (cámaras microscópicas que ni siquiera serían perceptibles), el panorama es aún más inquietante. Pero la tecnología es una herramienta y como tal también puede ser utilizada contra el Estado. Friedman apuntó que el desarrollo de la encriptación y las transacciones por internet puede reforzar nuestra privacidad y la defensa de nuestros derechos. Internet es, según Friedman, el paraíso de los liberales, porque como internautas estamos a salvo de cualquier agresión física (aunque no estamos a salvo del fraude). El potencial de internet en este sentido es notable (pagos anónimos protegidos por encriptación, relaciones comerciales que se inician y concluyen en la red y escapan a la mirada del fisco etc.)
El desarrollo de la tecnología, según Friedman, apunta en dos direcciones mutuamente conflictivas: de un lado nos conduce a lo que él llama una sociedad transparante, en la que carecemos de privacidad. Estamos grabados y vigilados por escuchas telefónicas y cámaras del tamaño de un grano de arroz. De otro lado el desarrollo de internet y la encriptación puede proporcionarnos una mayor privacidad, podemos decir lo que queramos sin que el Estado nos identifique o comerciar a escondidas. El problema es que dependiendo del grado de transparencia el segundo escenario se viene abajo: de poco sirve enviar un mensaje encriptado si hay una cámara grabándonos e identificándonos cuando escribimos y le damos al "intro". Pero, continúa Friedman, podemos darle otra vuelta de tuerca al asunto: si la tecnología de la realidad virtual evolucionara lo suficiente, podríamos darle al "intro" una vez dentro de Matrix. Y allí la cámara no llega. ¿O sí?
La estimulante ponencia de Friedman me suscitó otros interrogantes:
- ¿Tiene el sector privado una ventaja comparativa con respecto al Estado en lo que atañe al desarrollo y uso de la tecnología? El mercado puede ser más eficiente diseñando y desarrollando nuevas tecnologías, pero el Estado puede ser eficiente usurpándolas, y puede sacar partido a su estructura centralizada a la hora de aplicarlas.
- La eficiencia del mercado podría resultar devastadora si da lugar a una tecnología que facilita extraordinariamente la destrucción de la humanidad o su tiranización (¿inteligencia artificial más inteligente que nosotros? ¿nanotecnología que posibilitara una sociedad 100% transparente y manejable por el Estado?). Se me ocurren muchos argumentos en contra de esta idea, o a favor de correr el riesgo. Pero da que pensar.










