Ésta es básicamente la solución que nos propone Paul Krugman, el Nóbel de economía, en su última columna en el NYT.
He [Bernanke] can and should cut interest rates even more — but nobody expects this to do more than provide a slight economic boost.
On the other hand, there’s a lot the federal government can do for the economy. It can provide extended benefits to the unemployed, which will both help distressed families cope and put money in the hands of people likely to spend it. It can provide emergency aid to state and local governments, so that they aren’t forced into steep spending cuts that both degrade public services and destroy jobs. It can buy up mortgages (but not at face value, as John McCain has proposed) and restructure the terms to help families stay in their homes.
And this is also a good time to engage in some serious infrastructure spending, which the country badly needs in any case. The usual argument against public works as economic stimulus is that they take too long: by the time you get around to repairing that bridge and upgrading that rail line, the slump is over and the stimulus isn’t needed. Well, that argument has no force now, since the chances that this slump will be over anytime soon are virtually nil. So let’s get those projects rolling.
Krugman no entiende (porque es un experto en reactores de fisión, no de fusión) que el problema al que nos enfrentamos es una falta de ahorro en relación con los proyectos emprendidos por las empresas, no de consumo. Muchas familias se hipotecaron más de la cuenta y muchas empresas se equivocaron invirtiendo en proyectos de larga maduración inducidas por los bajos tipos de interés de los bancos comerciales, a su vez resultado de la manipulación del precio del dinero por parte de la Reserva Federal y de su condición de prestamista de última instancia, que garantiza la iliquidez de los bancos (pueden fraudulentamente prestar a largo plazo los depósitos que tienen vencimiento inmediato).
Pero Krugman, para quien la crisis obedece a una súbita demanda colectiva por incrementar saldos de caja, considera que que la Fed debe bajar otra vez los tipos de interés (renovar la expansión crediticia que nos ha abocado a esta situación en primer lugar) o, en su defecto, el consumo debería aumentar, incluido el gasto público. Como buen keynesiano, Krugman solo ve dos variables: inversión y consumo. Y ve sobreinversión allí donde hay malinversión. La caída de la inversión debería compensarse con un aumento del consumo, pero como la crisis es resultado de un aumento de los saldos de caja, caen tanto inversión como consumo, y se hace necesario inyectar más dinero e incrementar el gasto público para aumentar el consumo.
El problema de aumentar el consumo y reducir el ahorro (pues ahorramos cuando dejamos de consumir) es que las empresas dispondrán de menos saldos monetarios para financiar el traslado de los factores de producción de las líneas improductivas a las líneas productivas. Recordemos que el traslado y puesta en marcha de factores en otra rama productiva no se financia a través de los ingresos provinentes de los consumidores, pues éstos no llegan hasta que el producto final es vendido y el coste de los factores de producción (como los salarios que se pagan a los trabajadores) debe afrontarse antes. Luego si el coste debe afrontarse antes del consumo, lógicamente debe afrontarse con capital adquirido por otros medios, esto es, adquirido vía ahorro. Si el ahorro se reduce, como quiere Krugman, la crisis se prolongará y se recrudecerá.





