Imprescindible artículo de Rallo en Libertad Digital sobre uno de los mitos que están prosperando al albur de la crisis, a saber, que su causa es la escasez de regulaciones en el sector financiero y la solución es empezar a regularlo todo. Como bien señala Rallo, el liberalismo no se basa en "la ausencia de normas", sino en el respeto de una norma fundamental muy clara: la inviolabilidad de la propiedad privada. Las normas superfluas son aquéllas que se apartan de este principio, las normas necesarias son las que lo desarrollan.
El problema del sector financiero en este sentido no es la cantidad de regulaciones (el sector está regulado a mansalva y varias de esas regulaciones han contribuido a la generación de esta crisis), sino la calidad de esas regulaciones.
Lo esencial es volver a poner en valor la prudencia bancaria, que lleva décadas deteriorándose debido a la creencia de que liberalización equivale a imprudencia empresarial protegida por el Gobierno y el Banco Central.
Económicamente, sabemos que la crisis actual tiene su origen en este doble arbitraje de tipos de interés (endeudarse a corto e invertir a largo) y riesgos. Desde un punto de vista ético, no parece muy respetuoso con la propiedad ajena que los bancos destinen los fondos de los ciudadanos a propósitos para los que no les han sido confiados. (...)
En la práctica, la interdicción del arbitraje de riesgos debería pasar por varias regulaciones concretas, como el incremento de los márgenes de apalancamiento o el aumento de los fondos propios necesarios sobre el activo inmovilizado. De hecho, este último punto ilustra perfectamente por qué no es necesario más regulación, sino una de mejor calidad. (...) Basilea II es una regulación fallida en toda regla. Exigir un 8% de fondos propios a la hora de invertir en préstamos hipotecarios o empresariales es absolutamente insuficiente, a menos que el 92% de deuda tenga un vencimiento aún mayor que el activo. Sólo con que el banco incurra en una morosidad del 8% (muy frecuente en tiempos de crisis) tendría la quiebra asegurada.
Tyler Cowen, en un artículo publicado en el New York Times, defendía también la misma tesis: más regulación no significa mejor regulación.
When it comes to financial regulation, for example, until the crisis of the last few months, the administration did little to alter a regulatory structure that was built over many decades. Banks continue to be governed by a hodgepodge of rules and agencies including the Office of the Comptroller of the Currency, the international Basel accords on capital standards, state authorities, the Federal Reserve and the Federal Deposit Insurance Corporation. Publicly traded banks, like other corporations, are subject to the Sarbanes-Oxley Act.
And legislation that has been on the books for years — like the Home Mortgage Disclosure Act and the Community Reinvestment Act — helped to encourage the proliferation of high-risk mortgage loans. (...)
[I]f you hear a call for more regulation, without a clear explanation of why regulation failed in the past, beware. The odds are that we’ll get additional regulation but with even less accountability and even less focus on solving our very real economic problems.





