Citoyen ha dado su opinión sobre el reto que propuso hace unos días. Su respuesta es excelente, pero en su riqueza echo en falta más énfasis en la razón fundamental de por qué los militares no se sublevan.
Tengo, no obstante, una objeción previa. Citoyen (y la mayoría de los blogueros que han participado en el debate) destaca bajo el epígrafe "restricciones presupuestarias" los costes de enfrentarse a una opinión pública hostil a la autoridad militar, o la posibilidad de que intervengan los organismos internacionales etc. El problema con este grupo de razones es que altera las premisas del planteamiento inicial (al menos tal y como yo lo había entendido).
Por supuesto que la opinión pública juega un papel preponderante en la limitación de la violencia política, la viabilidad de un régimen depende del apoyo social, expreso o tácito, de una masa crítica de la población. Pero el planteamiento de Citoyen asumía que los militares, la policía etc. poseen una superior capacidad para imponer sus términos. De ahí que se refiriera al problema principal-agente imposible de resolver porque el primero tiene las armas y puede incumpir el contrato en cualquier momento. Si la fuerza de las armas queda contrarrestada por la resistencia de la opinión pública (o de los organismos internacionales etc) el ejército no puede, pese a las apariencias, incumplir el contrato, y no estamos en rigor respondiendo al reto, sino cuestionando sus premisas.
No tengo nada en contra de cuestionar esas premisas. Es muy cierto que el poder del ejército para imponer sus condiciones se relativiza a la luz de esas "restricciones presupuestarias". Pero, y creo que eso era lo interesante del reto, no desaparece del todo (si lo hiciera no habría espacio para las demás razones). Los militares, policía etc. siguen teniendo la fuerza de las armas y podrían tener una mayor influencia si quisieran. Es más, podríamos concebir un contexto en el que esos costes fueran mucho menores y la capacidad real del ejército para imponer sus términos aumentara, y preguntarnos entonces por las razones de la contención de los militares (o si en ese contexto no se contendrían).
Dicho esto, vuelvo a la primera objeción. Citoyen menciona las restricciones morales a las que me refería en mi entrada, pero parece darles una importancia accesoria.
Por añadidura, elementos “morales” o de “cultura organizativa” como los que apuntan Mario o Albert ; cuando los individuos que componen una organización tienen reparos morales hacia determinadas estrategias, es más probable que esas estrategias no se lleven a cabo. Estos reparos vienen dados por la cultura, por la historia por los elementos de formación de creencias colectivas (patriotismo, etc…). Vamos, las preferencias de la organización cambian.
La organización del ejército (cómo se estructura la cadena de mando, cómo se asciende dentro de esa jerarquía, en qué grado está descentralizada etc) se considera más relevante pero no hay ninguna explicación de por qué es más relevante. Si tuviéramos que sintetizar en una sola línea cuál es la razón por la que el ejército no se subleva, ¿diríamos que es "por cómo se organiza ese colectivo"?
Una aproximación interesante sería plantearse cuál sería la respuesta de los propios militares al reto de Citoyen. Si fueran encuestados, ¿cuál sería su respuesta? No me imagino el siguiente diálogo:
- ¿Por qué razón no toman ustedes las instituciones y nos imponen sus términos?
- Pues básicamente por qué estamos esparcidos y descentralizados internamente, y porque tenemos civiles infiltrados. Si no fuera por eso os ibáis a enterar.
Me parece más verosímil un intercambio como éste:
- ¿Por qué razón no toman ustedes las instituciones y nos imponen sus términos?
- ¿Perdón?
- Que por qué no dan un golpe de Estado si tienen ustedes las armas.
- Ehh pues... porque nuestra misión es proteger a la patria, defender el país de enemigos externos... Recibimos órdenes del Jefe de Estado y respetamos por supuesto las instituciones democráticas y la Constitución... bla bla bla
Puede que el militar encuestado mienta sobre la dirección y la intensidad de sus preferencias morales, pero realmente no veo un motivo para pensar que no es sincero. Tomemos el ejemplo del grupo de jóvenes con ganas de sexo que mencionaba en mi entrada. Supongamos que tuvieran la certeza de que podrían escapar impunes de una violación. Las "restricciones presupuestarias" en este ejemplo serían nulas, y no parece haber costes de organización. Todo dependería de la voluntad de los jóvenes. En mi opinión lo más normal es que los jóvenes no cometan la violación, de hecho no creo ni que la contemplen seriamente como una opción. ¿Por qué razón? Por sus propias restricciones morales. Si fueran preguntados, esa sería también su respuesta. Si nos lo preguntamos a nosotros mismos, esa sería nuestra respuesta. Si ésa es pues la razón principal de por qué los jóvenes no emplean la fuerza para imponer sus condiciones (en un contexto en el que podrían imponerlas), ¿por qué no es la razón principal en el caso de los militares?
Aislemos las variables: si los militares consideraran moral la sublevación y estuvieran motivados para llevarla a cabo, la arquitectura y la organización del ejército serían un obstáculo en el margen pero la sublevación sería posible. Si los militares consideraran inmoral la sublevación, da igual la arquitectura y la organización del ejército, la sublevación no se llevaría a cabo.
Por último, me gustaría comentar un fragmento del comentario de Neoconomicón:
[L]a lealtad de un ejército depende del grado de identificación con los civiles y del alineamiento de intereses con estos y entre los distintos grupos que componen las sociedad política. Y esta es precisamente la razón por la que no cabe invocar la actual lealtad democrática de los militares para justificar la viabilidad de un hipotético experimento anarquista con la defensa nacional: lo primero que haría ese experimento sería precisamente quebrar el alineamiento de intereses, y probablemente incluso el sentimiento de copertenencia, de los varios grupos sociales.
Los argumentos anti-ancaps se vuelven a veces contra el Estado. Si es cierto que la identificación con los civiles y el alineamiento de intereses explica la contención del ejército en un contexto estatista democrático, entonces puede argüirse que en un escenario anarco-capitalista el riesgo de que las agencias se coaliguen y se subleven para expoliar a los consumidores es aún menor, pues la identificación con los civiles es en ese caso absoluta: los empleados de las agencias de protección no son funcionarios o políticos, son civiles. El alineamiento de intereses también, como en cualquier relación comercial entre empresa-cliente. El alineamiento entre los distintos grupos tomaría una forma distinta: la lealtad a los Estado-nación (que en cualquier caso es desigual y conflictiva) sería sustituida por la lealtad a la nación cultural o a la comunidad (en caso de que la gente sintiera ese impulso de pertenencia), que es menos rígida y se adapta mejor a la diversa y cambiante realidad social.
En la entrada original de Citoyen están listados todos los que han participado en el debate. Hay miga en todas las intervenciones.





