Anarquía, golpismo y restricciones morales
Citoyen observa que uno de los argumentos que se emplean contra el anarco-capitalismo es igualmente aplicable a las sociedades estatistas:
Cuando criticamos a los ancap por pensar que el Estado no debe existir y la defensa debería ser privada normalmente esgrimimos argumentos que a mí me convencen; la defensa es un bien público y un monopolio natural y hay sobre todo unproblema de costes de transacción: no es posible llegar a un acuerdo con los militares para que hagan una cosa determinada porque siempre podrían salirse del pacto (¿quién aseguraría el cumplimiento del contrato?). Hay un problema principal agente imposible de resolver porque los que tienen las armas siempre pueden ganar e incumplir el contrato.
Pero lo cierto es que esta explicación tira por los suelos también la explicación común; no hay ninguna razón por la que los militares deban decidir obedecer al Estado y poseen los medios para desobedecerle quedando impunes.
Y en este contexto lanza una pregunta:
¿como es posible que en todos los países de occidente hayamos conseguido mantener a los generales a raya?
Mi respuesta creo que no es nada sofisticada: las restricciones morales internas de los militares, en el sentido de que es impropio utilizar la fuerza para un fin que trascienda el rol que tienen encomendados, actúa como freno a otras posibles ambiciones. En la escala de valores de los individuos la moral ocupa un lugar privilegiado, la gente está dispuesta a renunciar a poder y dinero para hacer lo que considera justo. Incluso cuando prima el poder y el dinero intentan racionalizar su elección para acomodar la inquietud que provoca estar violentando unos principios morales.
La razón por la que los militares no se sublevan es la misma que explica por qué no robamos en una tienda aunque tengamos la certeza de que no nos pillarán, o por qué unos jóvenes borrachos no violan a una chica aun cuando tienen ganas de sexo y poseen medios para encurbrir el crimen, o por qué un empresario no va matando a sus rivales o vertiendo residuos tóxicos en el río aunque ello vaya a reportarle más beneficios y pueda ocultarlo a las autoridades. Obviamente no todos los invidiuos tienen estas restricciones morales internas, pero la mayoría sí (y los militares también).
En mi artículo sobre la viabilidad del anarco-capitalismo publicado en Procesos de Mercado, Libertad sin Estado: ¿es factible el anarco-capitalismo?, mencionaba esta tesis como una de las razones por las que un sistema de empresas de protección privadas no necesarimente debe transformarse en un Estado (mucho menos en un Estado opresivo, como sugieren quienes ven en la defensa del Estado mínimo una forma de controlar su tamaño y evitar la tiranía a que daría lugar la anarquía).
Al mismo tiempo cabe considerar las restricciones morales de los propios empresarios y empleados de las agencias de protección. ¿Es razonable pensar que las personas que un día están protegiendo a los ciudadanos pasarán al día siguiente a subyugarlos y a explotarlos? En la actualidad la policía y el ejército también podrían sublevarse y tomar el control de las instituciones, y sin embargo no lo hacen. ¿Por qué no iban a tener los empresarios y los empleados de las agencias de protección restricciones morales similares?
David Friedman, en su libro The Machinery of Freedom, hacía una reflexión en esta línea que no puedo resistirme a copiar ahora que ha salido el tema:
The protection agencies will have a large fraction of the armed might of the society. What can prevent them from getting together and using that might to set themselves up as a government? (...)
But our present police departments, national guard, and armed forces already possess most of the armed might. Why have they not combined to run the country for their own benefit? Neither soldiers nor policemen are especially well paid; surely they could impose a better settlement at gunpoint.
(...) A brief answer is that people act according to what they perceive as right, proper, and practical. The restraints which prevent a military coup are essentially restraints interior to he men with guns.
We must ask, not whether an anarcho-capitalist society would be safe from a power grab by the men with the guns (safety is not an available option), but whether it would be safer than our society is from a comparable seizure of power by the men with the guns. I think the answer is yes. In our society, the men who must engineer such a coup are politicians, military officers, and policemen, men selected precisely for the characteristic of desiring power and being good at using it. They are men who already believe that they have a right to push other men around - that is their job. (...) Under anarcho-capitalism the men in control of protection agencias are selected for their ability to run an efficient business and please their customers. Is is always possible that some will turn out to be secret power freaks as well, but is is surely less likely than under our system where the corresponding jobs are labeled "non-power freaks need not apply". (pp. 123-124)
(Gracias a Citoyen por la invitación. Las respuestas de otros blogueros están enlazadas en su blog)









