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08/21/2008

Suiza: impresiones

De vuelta de Suiza (itinerario y algunas fotos aquí) éstas son mis impresiones sobre aquella sociedad, su cultura y sus instituciones:

  1. El país es tremendamente próspero. Como Andorra, pero en grande. No parece haber barrios o suburbios marginales, las infraestructuras son muy modernas, la gente viste elegante, se respira vitalidad. En Zurich la arquitectura vanguardista y las tiendas de diseño abundan. No hay vagabundos pidiendo dinero o durmieno en portales, al menos no en el centro, que es donde más suele haber en las ciudades que he visitado. Zurich, y sobre todo Zug, parecen sacadas de un cuento. No en vano Zurich fue votada la ciudad con la calidad de vida más alta del mundo (Ginebra aparece en tercer lugar). El interior del país, con sus pueblos a orillas de lagos o en medio de valles alpinos, es de postal. Nunca había disfrutado tanto yendo en tren. La fuente de esta prosperidad es la libertad económica del país. Según el Índice de Libertad Económica de la Heritage Foundation Suiza es la novena economía más libre del mundo y la segunda economía más libre de Europa. Su mercado laboral es uno de los más flexibles (el paro, que ronda el 3%, es meramente friccional). Es el segundo país más competitivo del mundo. Ocupa el puesto 16 en el Ease of Doing Business Index y el gasto público representa el 35% del PIB (un 36% en Estados Unidos). La carga fiscal depende del cantón. En la mayoría de casos el tipo máximo está por debajo del 40%, en el cantón de Schwyz el tipo máximo (sumando los impuestos a nivel federal, cantonal y local) es del 22%. En 2007 el cantón de Obwalden fue el primero en implementar un impuesto de tipo único después de ser secundado en referéndum por un 90% de la población. Varios cantones bajaron sus impuestos en 2006 (ventajas de la competencia fiscal entre unidades pequeñas). El impuesto de sociedades en Zug es del 14-17%.
  2. El nacionalismo está arraigado. Hay banderas y banderitas suizas por todos lados, en Zurich y Berna lo mismo que en los pueblos pequeños. Al principio creía que era en motivo de alguna fiesta nacional pero al parecer es lo normal. No deja de sorprender este fuerte sentimiento de pertenencia a la nación suiza en una sociedad con marcadas diferencias culturales: hay cantones de habla alemana, cantones de habla italiana y cantones de habla francesa. Algunos ciudadanos suizos no se entienden entre sí, o utilizan el inglés para comunicarse entre ellos. El 42% de la población es protestante, el 40% es católica. Los cantones más occidentales son europeístas, los cantones orientales son euro-escépticos. Pero el arraigo a la confederación suiza está por encima de rivalidades cantonales y diferencias culturales. Durante la Primera Guerra Mundial los suizos mantuvieron la neutralidad y la unidad de su nación a pesar de que los dos principales grupos lingüísticos simpatizaban con bandos distintos.

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  1. Zurich está extremadamente limpia. Se ven algunos papeles y grafitis aislados (que en medio de esa pulcritud aún duelen más a la vista), pero en general está impoluta. El agua del río Limmat es transparente, igual que el lago. La gente se baña en el lago y en el río cuando la temperatura es buena. En España tienes que irte casi a los Pirineos para ver las piedras debajo del agua.

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  1. Se ven muchos jóvenes militares. Es una imagen cotidiana en Zurich la del muchacho con vestimenta del ejército y fusil al hombro sentado en el tranvía o esperando en la estación. Nadie se inquieta por la presencia del fusil. El domingo por la tarde en la estación de trenes muchos jóvenes regresaban a la base para continuar con su instrucción después de pasar el fin de semana en Zurich. Suiza es en el aspecto militar un país que me suscita sentimientos encontrados: por un lado sigue vigente el servicio militar obligatorio, una práctica profundamente anti-liberal. Todos los hombres de entre 19 y 31 años están obligados a servir en el ejército. Un tercio realiza tareas de protección civil o servicios civiles por diversas razones. Los objetores de conciencia están obligados a servir un 50% más de tiempo que los militares. Los ciudadanos que están en protección civil o que por razones físicas quedan exentos del servicio militar deben pagar un 3% más de impuestos hasta los 30 años. Hasta 2003 el ejército suizo contaba con 400.000 soldados, una masiva fuerza per cápita en un país de 7.5 millones de habitantes. Ese año los votantes aprobaron reducir el ejército a 220.000 soldados (las Fuerzas Armadas Españolas cuentan con 132.000 efectivos). Por otro lado los suizos no han intervenido en una guerra fuera de sus fronteras desde 1815. Han practicado una política exterior sistemáticamente no-intervencionista con la vista puesta en el bienestar del país. Han defendido su neutralidad haciendo uso de la disuasión, cerciorándose de que sus potenciales atacantes supieran que el coste de invadir Suiza excedería con creces los beneficios. Se dice que Suiza es capaz de mobilizar su población para la guerra en 12 horas. Los Alpes están llenos de fortificaciones y bases subterráneas. Túneles y puentes tienen cargas para ser demolidos en caso de invasión. En los refugios anti-bombas suizos hay camas para el 95% de la población. Me atrae esta actitud puramente defensiva, recelosa de la guerra pero preparada para enfrentarse a una invasión. La pregunta que toca plantearse es: ¿sin el servicio militar obligatorio estaría Suiza igual de preparada? ¿necesita Suiza estar así de preparada? ¿Por qué no puede el ejército suizo estar formado por voluntarios y soldados profesionales como en casi todos los demás países occidentales?

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  1. Muchas iglesias no tienen a nadie vigilando. No hace falta. Los cirios y las postales están a la venta en unos estantes, pero no hay nadie para recoger el dinero. Tampoco hay cámaras. El precio está expuesto y tú eres el que debes dejar el dinero en un pote. El paraguas se deja en la entrada, no te lo llevas dentro de la iglesia contigo por miedo a que alguien te lo quite
  2. No he visto ni un solo obeso. Estar rodeado de naturaleza debe ser un incentivo para hacer ejercicio.
  3. Suiza está económicamente bastante integrada a la Unión Europea pero es políticamente independiente. Tiene lo mejor de los dos mundos. Las regiones de habla francesa y las áreas urbanas son favorables a la inclusión de Suiza en la UE, pero el euro-escepticismo es considerable en el país. Que no decaiga.
  4. La prostitución es legal en Suiza. Hay burdeles licenciados y las prostitutas pagan el IVA. En el centro de Zurich se ven varios locales y en la Langstrasse había unas cuantas prostitutas en las calles y más locales de alterne. No es éste el único aspecto en que Suiza es menos paternalista que otros países occidentales. El suicidio asistido (proporcionar los medios al afectado pero sin llegar ayudarle en la ejecución) es legal, y no solo para los médicos. Cuatro partidos federales apoyan la descriminalización de la marihuana para los mayores de 18 años y los ciudadanos están llamados a las urnas en noviembre para aprobar o rechazar esta iniciativa. Suiza es también uno de los países más "atrasados" en materia de legislación anti-tabaco. Las leyes vulnerando los derechos de los propietarios a fijar las normas de sus locales están empezando a extenderse pero encuentran resistencia. En Zurich solo está prohibido fumar en espacios de propiedad pública. Lo que sí me parece perfecto (y mi ropa lo agradece) es que los propietarios de bares, restaurantes y clubes voluntariamente decidan en el sentido de no permitir fumar en sus locales. En el café al que fuimos en Zurich nadie obligó a los propietarios a poner este aviso:

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  1. La puntualidad casa con su devoción por el orden. ¡Incluso el transporte público es puntual! Me contaba el amigo que nos acogió en Zurich que un colega suyo tenía calculado exactamente el momento en que tenía que meterse en la ducha, vestirse y salir a la calle para encontrarse el tranvía justo delante. Todos los transportes que cogimos salieron exactamente a la hora prevista. No es necesario ir 10 minutos antes, ni te molestes en ir 2 minutos más tarde.
  2. Están un poco obsesionados con el reciclaje. A lo mejor lo están en su justa medida y yo no estoy lo bastante concienciado. No lo sé. Supongo que el hecho de estar en medio de tanta naturaleza también fomenta una sensibilidad más ecologista. Estos son los distintos contenedores para el reciclaje... ¡de las botellas de vidrio solo!

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  1. Los residentes extranjeros y los trabadores temporales en Suiza representan un 21% de la población, una tasa de inmigrantes bastante alta (la mayoría europeos). En Zurich es del 30%. No obstante, las leyes de inmigración y naturalización suizas tienen fama de ser especialmente duras, algo que no veo con buenos ojos. El derechista Partido del Pueblo Suizo, el más popular del parlamento, se ha ganado fama de xenófobo con alguna sus campañas.

En conclusión: da gusto pasearse por un país tan desarrollado, limpio y civilizado. En el contexto de una Europa adormecida en su estatismo, me parece notable el relativo apego de los suizos por la libertad económica y personal, por la descentralización política y por una defensa nacional no-intervencionista. Habrá que estar atento a las noticias que vengan de Suiza.

¿Qué opináis los que habéis visitado Suiza o habéis vivido allí? 

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Listados abajo están los enlaces de los blogs que referencian Suiza: impresiones:

» Impresiones sobre Suiza de meneame.net
Albert Esplugas, miembro del Instituto Juan de Mariana cuenta sus impresiones tras su reciente visita a Suiza. [Leer más]

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