China: luces, sombras y optimismo
Sendos artículos en The Economist y en el New York Times ofrecen un retrato con matices del gigante asiático ahora que empiezan las Olimpiadas. Como señalaba en el artículo La China (ex)comunista, se trata de un país con luces y sombras. Hacer una valoración política en base únicamente a las sombras como hacen muchos es enjuiciar la realidad a medias. También lo es centrarse en el progreso económico e ignorar la represión que todavía padecen muchos ciudadanos.
The internet’s spread has created an opportunity for vigorous public debate that hardly existed a decade ago. The authorities try to block sensitive discussions, using keyword filters and an army of “net nannies” employed by portals and internet service providers. But the impact of these efforts is limited, with savvy users quickly finding ways of circumventing government blocks. One clever technique has been to use online software to render Chinese-language script vertically instead of horizontally. This has baffled the keyword detectors, for now at least. (...)
The government has made a cursory effort to make the internet more accessible during the games. Blocks have been lifted on a few banned websites: Wikipedia (an online encyclopedia), BBC News and Playboy, a site that offers pictures of naked women. But the Chinese-language sites of Wikipedia and the BBC remained barred.
Li Zhen en el NYT:
[P]olitical change, however gradual and inconsistent, has made China a significantly more open place for average people than it was a generation ago. (...) “Some people will tell you, look at the walls, and say they are still pretty high, while others will tell you that there is a lot of space between the walls,” said Nicholas Bequelin, a China specialist at Human Rights Watch. “Both things are true.”
Chinese who try to challenge the one-party state directly say authorities are no more tolerant of dissent than they were in the 1980s, and in some cases they are tougher on citizen-led campaigns to enforce legal rights or stop environmental abuses.
On the other hand, the definition of what constitutes a political challenge has changed. Individuals are far less likely to run afoul of a system that no longer demands conformity in political views or personal lifestyles.
El artículo del NYT destaca el optimismo de los chinos con respecto al rumbo que está tomando su país. Según las encuestas de Pew Global Attitudes Project presentadas el mes pasado: un 86% de la población está satisfecha con la dirección que está tomando su país, el doble que en 2002. La misma encuesta muestra un 23% de satisfacción en Estados Unidos.
The Economist cita a Andrew Nathan, co-editor de un libro sobre cómo ven los asiáticos la democracia. De los ocho países estudiados (todo democracias excepto Hong Kong) China está a la cabeza en cuanto a sastisfacción pública con el régimen, pese a ser autoritario. En la democrática Japón es donde la satisfacción es más baja.
Hay una trampa evidente en estas encuestas: los chinos no se están comparando con los estadounidenses o con los japoneses, sino consigo mismos en el pasado. De ahí su optimismo. El nivel de optimismo o satisfacción en un país no revela que su población prefiere su régimen político o su situación económico-social al de otro país.









