El otro día examinaba los pros y los contras del manifiesto por la lengua común. Las recientes declaraciones de Montilla desestimando el manifiesto me reafirman en mi opinión de que su enfoque no es acertado.
Según el presidente catalán, el manifiesto en defensa del castellano es "innecesario" porque este idioma "no necesita de ninguna defensa porque no está en peligro", mientras que lo que sí que genera es "catalanofobia" en el Estado. "Es innecesario porque va en contra de la Constitución y del Estatut, y no dejaremos que ningún interés político o de otra naturaleza rompa nuestro modelo de convivencia lingüística y la defensa de nuestra lengua", ha remarcado Montilla, que ha recordado que este tema "no es pequeño, es innegociable".
Montilla no tendría ninguna excusa para decir "el manifiesto es innecesario porque el castellano no está en peligro y no necesita ninguna defensa" si el manifiesto fuera inequívoca y exclusivamente una defensa de los derechos lingüísticos de las personas, y no un manifiesto "por la lengua común".
Este manifiesto tendría que haberse titulado "el manifiesto por los derechos lingüísticos de las personas" o "por el derecho de los ciudadanos a utilizar la lengua que quieran" o "por el derecho a escolarizar a los hijos en la lengua que los padres quieran". No "manifiesto por la lengua común", que da pie a interpretaciones como la que ha hecho Montilla (aunque sean interpretaciones interesadas y torticeras). El contenido del manifiesto, por supuesto, tendría que ser rigurosamente fiel a cualquiera de aquellos títulos, algo que tampoco sucede.





