Brutus explica por qué no discute de política con los amigos:
The more profound reason I tend to avoid discussing politics with friends is because politics is simply war by other means. If I were to debate a liberal friend who wanted universal health care, then his argument is essentially as follows: "I believe that health care is of such importance I will advocate that armed men compel you to support this system financially." If I were to debate a conservative friend who believes in empire building, then her argument is essentially as follows: "I believe that nation building is of such importance I will advocate that armed men compel you to support this system financially." This is the nature of all political discussion save that of radical libertarians who believe in non-aggression. (...)
The question, then, is How do you maintain friendships with people who have implicitly told you they have no problem with armed men threatening to beat, imprison, or kill you because you disagree with their political agenda? If I were to have a conversation with David Duke about the inferiority of blacks, do you think that we could simply end the conversation with an affable, "Let's agree to disagree then. How about we get together for golf this weekend?" Should I just reply, "Well, Mr. Duke, I certainly disagree with your belief that 'all niggers are only good for picking cotton,' but that's your opinion. How about we meet at 10?" Yet when we discuss politics with friends we are supposed to ignore the fundamental truth that our friends have no problem with political slavery as long as their candidate is the master.
Por el mismo motivo creo que me sería imposible convivir con una pareja que no compartiera, en términos generales, mi ética o cosmovisión política. No estamos hablando de gustos cinematográficos o hábitos alimenticios (en los que, por cierto, diferimos bastante), sino de los límites que ponemos al uso de la violencia. Una persona que defiende el uso de la fuerza contra ti (impuestos y redistribución, prohibición de comportamientos pacíficos) cuando no he hecho daño a nadie es una persona que, de forma implícita si no explícita, te quiere mal aunque no lo piense, y es difícil reconciliarse felizmente con esta idea si uno tiene firmes convicciones liberales.
Con los amigos, en tanto no convivo con ellos ni comparto el mismo sentimiento de unicidad que con la pareja, la tolerancia es mayor, pero no todo vale. Creo que sería incapaz de tener una amistad realmente íntima con un fascista, tampoco con un comunista. Al menos no con uno muy ideológico, consciente de las ideas que defiende. Si creo que hay resquicios de sensatez o está confundido, o no tiene convicciones firmes y podría cambiar de opinión con lecturas y debate, hay más margen para una amistad verdadera.
A la mayoría de mis amigos ajenos a los círculos liberales los ubicaría en la derecha o en el centro. Algunos son ideológicamente neutros (de esos que les importa un bledo la política) o de izquierda no-ideológica (de esos a los que no les gusta pagar tantos impuestos y no te hacen ascos si eres de derechas). Solo discuto bastante de política con los que les gusta hablar de política, y en general mi punto de vista tiene buena acogida aunque no sea siempre persuasivo, o bien nos encontramos a mitad de camino después de pulir los argumentos. La verdad es que a menudo se agradece un ambiente no ideológico en el que apaciguar la mente y desinhibirse hablando de otros temas, después de pasar tanto tiempo inmerso leyendo y escribiendo en clave ideológica.
En cuanto a la familia, casi todos han leído o siguen leyendo a Ayn Rand, mi madre hace tiempo que se atreve con material más hardcore. Así que no hay tensión ideológica en casa.
¿Qué opináis vosotros de este delicado tema? Imagino que algunos tenéis parejas menos liberales o incluso ideológicamente hostiles, o amigos netamente comunistas. ¿Discutís con ellos de política? ¿Es un conflicto en permanente latencia en vuestra relación? ¿De qué manera lo sobrelleváis?